24 de marzo de 1976

Carlos Eduardo Santa
El 24 de marzo es una fecha que convoca muchas voces: la de los propios sobrevivientes a los años de plomo, la de los familiares, la de las nuevas generaciones de militantes, la de los que empiezan a conocer y a asumir el capítulo más duro de nuestra historia. Carlos Eduardo Santa, vecino de Río Ceballos, es ex-preso político, militante de aquellos años y testigo en el juicio de La Perla. Aquí su voz, su reflexión en torno a esta fecha.
Especial: la educación en disputa

Hablar del golpe cívico-militar del 24 de marzo de mil novecientos setenta y seis, por todo lo que significa para aquellos que sufrimos en forma directa sus consecuencias, no es una tarea fácil. Aún hoy, a más de cuarenta años, sus consecuencias y efectos con toda su magnitud, todavía persisten en nuestros espíritus, por todos los que cayeron, por los ausentes perdidos en las brumas de un infierno, por los  muchos que quedaron bañados en un mar de lágrimas y en una angustia que sigue maltratando sus vidas y su devenir cotidiano.

Aquel golpe no fue sólo una fecha más para recordar por todos a quienes, de una u otra manera, afectó en sus vivencias. Fue mucho más que eso. Ese día siniestro marca un punto de inflexión en la historia de nuestra querida Patria y nos muestra, en toda su dimensión, hasta qué punto son capaces de llegar los que mandan -desde siempre- para defender los privilegios  logrados a sangre y fuego en el devenir de los años, desde el nacimiento mismo de nuestra independencia.

Las multitudinarias manifestaciones de todos los sectores sociales del pueblo en cada aniversario, los juicios a los responsables a lo largo y ancho del país, las centenares de condenas, los miles de testigos desfilando por los estrados judiciales despojados del temor y exponiendo la crudeza de lo vivido en sus propias carnes y en sus almas, puso a la vista de los escépticos, los indiferentes y los negacionistas, todo un tenebroso mundo que se movía entre las sombras y que se pretendía ocultar con la propaganda mediática que desplegaban los beneficiarios del terror. Hoy todo eso resulta inocultable, horada su credibilidad y su cinismo y nos muestra como un ejemplo para el mundo en la búsqueda de la verdad y la justicia.-

Sin embargo caben muchas y profundas reflexiones: la enorme mayoría de quienes, de una u otra manera, participamos en los hechos político-gremiales de aquellos años, cansados de tantas dictaduras, faltos de las más simples de las libertades, mutilados por múltiples censuras, emprendimos un duro camino de cambio para el que aún no teníamos la experiencia suficiente. También, justo es decirlo, fuimos impulsados por los innumerables ejemplos de lucha y de triunfos que se desplegaban por el mundo y por una impetuosa juventud, la nuestra, que nos hacía pensar que estábamos en la puerta de un mundo nuevo.

Sin desmerecer ni una sola de las convicciones que alimentaban nuestras vidas militantes, debemos mirar aquel pasado doloroso con el ojo avizor de la crítica y la reflexión para el encuentro de nuevos senderos en esta lucha infinita y eterna de un pleno y placentero vivir para todos.

Carlos Eduardo Santa. Ex preso político, militante de aquellos años y testigo en el juicio de La Perla.

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