Camino a casa

Rodolfo Fernández
En el camino al trabajo hay un grafiti que dice “El gobierno nos roba, la policía nos mata, los diarios nos mienten”.

6: Marcha 2X1

Marcha 2X1

Y todo eso es verdad, al menos en parte. Porque esta sensación de abandono que sentimos, mucho tiene que ver aquello que vamos perdiendo cotidianamente, aquello que vivenciamos como parte de una realidad que no deja de abofetearnos.

Se refleja en amigos y vecinos que quedan desocupados; en compañeros que no quieren realizar medidas de fuerza por miedo a perder su trabajo; en un sueldo que se va encogiendo mes a mes hasta quedarnos chico por todos lados; en el carrito de supermercado que cada vez se llena menos pero que cuesta más; en el precio de la garrafa, de la luz y de la leña que se acrecientan con la llegada de los primeros fríos; en la sensación de inseguridad que resurge a partir de pequeño robos que azotan el barrio.

Hace un par de años los medios nos decían a gritos que todo “estaba mal”, que la inflación era el gusano que se devoraba nuestro sueldo, que los subsidios a los servicios públicos eran un “engendro” que perjudicaba a los trabajadores y al estado para beneficiar a aquellos que viven en forma parasitaria, que el “impuesto a las ganancias” era un robo sobre los sueldo de los empleados, y aunque yo nunca tuve que pagarlo, parecía justo defender el salario de aquellos que ganaban apenas un poco más.

Teníamos la clara sensación de que, si bien no había demasiados conflictos y no estábamos tan mal, el gobierno nos mentía con los índices de inflación y con un dólar oficial y otro para viajar. ¿Qué era eso? ¿Es que se estaban robando todo y nos llenaban con “dulces” para que no nos quejáramos, como sugería mi amigo radical, dueño de la inmobiliaria que me alquila la casa donde vivo?

Algunos creímos más que otros, algunos forjamos la esperanza de que se podía cambiar lo malo y dejar lo bueno, que era posible caminar hacia la pobreza cero, hacia la posibilidad del desarrollo individual sin condicionamientos, hacia la unificación de todos los argentinos. Y parecía posible que aquellos sectores con capacidad de ahorro, que habían sido estafados con el corralito y otras yerbas, volvieran a creer en su país y en “su gobierno”. Ya no habría un estado que los agrediera con monstruosas retenciones. Esperábamos que regresaran y se reinvirtieran aquellos capitales que tenían en el exterior para construir juntos -y sin antinomias- una patria floreciente, con genuinos puestos de trabajo, con empresarios preocupados por sus trabajadores, porque si nosotros estamos mejor se produce más y con mayor calidad.

Hoy los medios nos insinúan que está todo bien, que ya llegará el tiempo de bonanza, qué se debe “ordenar” para reconstruir, para “curar” una economía destruida y sanear el estado. Sin embargo vivimos con esta sensación de que nos falta algo ahora, que no podemos esperar tanto. Que si seguimos así, el tiempo de bonanza podrá llegar… pero será por demás tarde para muchos. El 82% móvil para los jubilados y la “reparación histórica” no sólo siguen esperando sino que nuestros viejos han perdido parte del descuento que recibían sobre los remedios. No se modificó el impuesto a las ganancias y la inflación sigue destruyendo el salario, ahora sin la posibilidad de recuperarlo en paritarias como antaño. ¿Y qué pasó con las promesas electorales? ¿Se cumplieron algunas? ¿Cuáles?

Las inversiones, a pesar de haber liberado retenciones, no solo no llegaron sino que parece “ser noticia” que empresarios argentinos invierten en fábricas en EE.UU. mientras echan empleados en los establecimientos que poseen aquí, en la Argentina.

Y los índices de pobreza aumentan mes a mes, tan rápido como caen los índices de consumo. Esperamos la factura de luz como quien espera la carta que le advierte sobre una desgracia familiar. Al achicamiento del estado (que se había poblado de militantes) y que prometía disminuir el déficit fiscal, siguió el nombramiento de más personal de las que antes había. La “revolución de la alegría” fue cambiando a una “reducción a la pobreza”.

Tal vez sean sólo errores de quien no planificó correctamente una estrategia económica, o esta falló por algún motivo que escapa a mi entendimiento. Y si bien esto no quita la responsabilidad de quien la ejecuta, ya que son nuestros gobernantes, de última es entendible. Lo que no puedo entender, no cabe en mi terca cabeza, es que hoy sea el gobierno que elegimos quien alienta la desunión de los argentinos, quien intenta que nuevamente se polarice el electorado en una macabra elucubración de contar votos. Que quienes criticaban “la grieta” sean los que hoy, pala en mano, la agrandan. Que busquen por cualquier medio generar rencores por los K. Porque entonces nada de lo que se deseaba y pensaba como ideal, una nueva Argentina construida entre todos, será posible.