Código local: “El Mamotreto”

Guillermo Lehmann
Cuando alguien llega por primera vez hasta el puente Vocos Lescano, en el centro de nuestra ciudad, lo primero que se pregunta es por qué “ese edificio” no está terminado. Nosotros, que somos lugareños, ya nos acostumbramos a convivir con el “mamotreto”; pero al momento de ofrecer una respuesta al visitante, la cuestión no resulta sencilla. Es una historia cruzada de enredos, disputas y decepciones, como la crónica idiosincrasia conflictiva que atraviesa a esta ciudad.
Emergencia económica en Río Ceballos 2

Por Guillermo Lehmann

Para empezar, habría que remontarse al 8 de noviembre de 1964, cuando en los años de cola del apogeo turístico local se creó la Caja de Créditos Río Ceballos limitada, génesis de lo que luego sería el nido local del Banco Aciso. Un grupo de comerciantes y hoteleros coincidieron en el interés de hacer crecer al pueblo con dinámica comercial y productiva, y así fueron consolidando esa idea.

A comienzos de 1970 tenían alrededor de 600 asociados. Hoy el Centro Comercial local no llega a 400 asociados que pagan una cuota mensual de 100 pesos. La población en aquellos años, según censo oficial, era de 7.747 habitantes; hoy ronda los 40 mil.

Ese impulso derivó en la necesidad de adquirir un terreno y construir una sede propia, diferenciada de la fuerte Sociedad de Fomento y Turismo que, en ésa época, ya tenía su edificio al lado del municipio.

Así fue que los integrantes de la -entonces- Caja de Créditos decidieron comprar un terreno baldío de 1.130 metros al frente del municipio para edificar una sede. Y ahí empieza la concreción de un proyecto faraónico para esos años: un edificio de seis pisos, con tres plantas para la reconvertida caja en Cooperativa de Crédito, y el resto para departamentos en los que invirtieron las primeras acciones un grupo de comerciantes prósperos y tradicionales  del pueblo.

Todavía Río Ceballos no era ciudad, recién sería reconocida con esa condición en 1985.

El consejo directivo llamó a concurso de proyectos y se presentaron dos iniciativas, una del estudio de Elías Atea y Asociados (edificio Santa Cecilia), y otro de Rafael Celotti. Este último proponía la construcción al lado de otro edificio similar que también funcionaría como hotel. Era 1971 y se buscó la financiación y la aprobación del proyecto.

Por esos años, en el gobierno de Tomás Anselmo Campos no existía ninguna normativa que contemplara construcciones de esa envergadura, pero tampoco ninguna que las impidiera, y nadie había imaginado que pudiera construirse un edificio de seis pisos en Río Ceballos.

Las leyes provinciales no lo permitían, por lo que en principio se trabaron las autorizaciones hasta que se consiguió una especie de dispensa, un atajo, para lograr los permisos necesarios y la obra comenzó en 1976, el mismo año de inauguración del Dique La Quebrada. La estructura, aún hoy en uso, se inauguró simbólicamente (según relato de José María Lioy en el periódico Río Ceballos) en noviembre de 1978.

Entre medio hubo un episodio que obligó a la paralización de los trabajos: el terremoto de Caucete (San Juan) en 1977, que se sintió fuerte también en Mendoza y en Córdoba. Entonces el gobierno provincial ordenó detener la edificación por el riesgo que representaba al estar situado en una zona sísmica. Desde entonces quedó paralizado a la altura de la planta alta y el primer piso.

En marzo de 1979 se habilitaron la planta baja y el primer piso para el funcionamiento de la Cooperativa de Crédito Río Ceballos Limitada, que duró muy poco porque fue absorbida por el entonces Banco Aciso Cooperativo Limitado, que tenía sede en Rosario y que funcionó hasta fines de los ’80 en esta ciudad.

Las políticas económicas que impulsó el gobierno de facto de la época obligaron a las cooperativas locales a subsumirse a entidades de mayor envergadura, que luego terminaron desguazando en los ’90.

Por la imposibilidad de concluir los pisos superiores y ante el desconcierto de los consorcistas locales por el futuro de esa inversión, el edificio quedó abandonado y el municipio, durante la segunda gestión del radical Carlos Alonzo, decidió alquilar las dependencias utilizables para trasladar diferentes áreas del Gobierno local.

Entonces, empezaron a notarse movimientos de suelo, roturas frecuentes de los cristales de las puertas de ingreso; desatándose la sospecha de que el edificio había sido mal hecho, por lo que se exigió a la empresa constructora aplicar inyecciones de cemento en las bases en varias ocasiones.

Se inició un juicio entre el Banco Aciso y el estudio de arquitectura de Elías Atea y Asociados, que terminó en prescripción porque no se logró demostrar que la base del edificio estuviera mal hecha y que esa era la causa de que cediera en varias oportunidades.

Desde entonces fue de uso público hasta que pasó a ser propiedad del municipio en 2001, cuando se cancelaron deudas por alquileres impagos y se convino la compra de la totalidad del edificio en 60 cuotas a la quiebra del ex Banco Integrado Departamental -que antes había absorbido al Aciso- a un valor de 326 mil pesos, cuando la cotización era tres veces mayor.

Lo llamativo fue el silencio y la falta de reacción de aquellos primeros consorcistas que no reclamaron sus derechos iniciales, y cuando el municipio adquirió la totalidad de la edificación, la utilizable y la ociosa, no plantearon ninguna objeción, apenas tibias amenazas.

Desde 2001, el municipio es el dueño absoluto del edificio y puede disponer de la manera que quiera; pero aparece como colosal un proyecto de finalización de la construcción con fondos públicos, porque los inversores privados ya no tienen derecho alguno que reclamar y las arcas oficiales se encuentran en estado de emergencia.

Mientras tanto, a manera de resumen, desde el primer piso hacia arriba sigue siendo un gran enigma acerca de su futuro y el refugio cálido y seguro de alimañas y palomas en toda la estructura de los pisos sin finalizar.

A manera de conclusión, recurro a un agregado que hizo Carlos Page en su libro El río de los Ceballos, historia de un pueblo 1583-1983, impreso en 1987: “Un edificio que nos recuerda las palabras de Bruno Zevi (arquitecto italiano de mediados del siglo pasado) cuando a propósito de los edificios en altura se preguntaba: ¿no reflejan acaso el místico dominio del poder económico de ese querer hacer alto y grande que tanto enorgullece a los hombres y a las civilizaciones impregnadas de complejos de inferioridad?”.

Edificio Aciso Río Ceballos - Fotos tomadas desde adentro
Edificio Aciso Río Ceballos - Fotos tomadas desde adentro
  • Edificio Aciso Río Ceballos - Fotos tomadas desde adentro
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