Encuentro con un hada

Paula Cantarero
Entrevistamos a Florencia Ordóñez, escritora, poeta y editora para conversar sobre Malasaña Ediciones, el proyecto independiente al que le pone el alma y el cuerpo desde la primera idea hasta la última puntada a mano, atravesando cada una de las estaciones para la creación de un libro.

6: Marcha 2X1

Marcha 2X1

Aguatrae (At.): ¿Cómo nace Malasaña Ediciones?

Florencia Ordóñez (F.O.): Aunque escribo desde chica, en el año 2012 empecé a ir a un taller de escritura, donde pude incorporar algunas herramientas y a la vez me di cuenta de que había encontrado tema de escritura. Diera la consigna que diera la profe, yo terminaba haciendo reversiones de los cuentos infantiles y escribiendo sobre la infancia. Ahí empecé a pensar Diario de un hada, que fue un proceso de dos años: en principio iba a ser como una colección de relatos, después se convirtió en una especie de novela. En ese momento me juntaba mucho con gente del Colectivo Libros son, un grupo de editores independientes  que trabajan desde lo artesanal y autogestivo. Entonces no me fue difícil pensar que podía editar mi libro de esa forma.

At.: ¿Y cómo lo llevaste a la práctica?

F.O.: Hice un taller con Flor López, una chica que tiene una imprenta. Me compré una impresora copada. Al libro lo hice en mi casa. Lo encuadernó Eva Sánchez, que es otra compañera de Libros son, que es encuadernadora de verdad, que estudió en la Spilimbergo.

At.: ¿Cómo evolucionó el proyecto  a partir de la decisión de autoeditarte?

F.O.: Hasta ese momento yo quería publicar mi libro y basta. No quería caer en eso de “nooo, es difícil editar en Córdoba, las editoriales no te dan bola, y después no te dan libros, se quedan con  la plata del libro…”.  Me dije “yo voy a evitar eso. Sé diseñar, sé encuadernar, lo que no sé hacer hay personas que sí saben, puedo organizar una presentación, puedo organizar la difusión”. Como experiencia anterior, en H.I.J.O.S., la organización donde milito, habías hecho ediciones, sin saber mucho del tema, pero las hicimos. No estaba pensando en una editorial. Le puse Malasaña Ediciones e inventé un loguito por agrandada, digamos.

At.: “Diario de un hada” es un libro objeto, cada ejemplar forrado en una tela diferente, rasgada en la cubierta, con ilustraciones hermosas. Contanos sobre la edición.

F.O.: Hay una idea de que los cuentos de hadas transmiten valores sexistas y monárquicos y que eso es horrible para los niños. Pero los cuentos de hadas no son un invento de Disney si no de autores desde el siglo XVII hasta nuestros días: Andersen fue el primero que escribió pensando en los niños desde una perspectiva literaria. La literatura nos atraviesa porque toca temas que interpelan a la condición humana: el amor, la muerte, y a los niños también les pasa. Rescato esas cuestiones de los cuentos infantiles, que también tienen  escenas cruentas, brujas y monstruos, y pienso que enfrentar nuestros terrores imaginarios nos ayuda a enfrentar  los miedos reales. La idea es hablarles a los niños con un lenguaje que no sea rosa, ni Disney, ni ñoño, pero que sí pueden ser los personajes de los cuentos de hadas. Los dibujos los hizo Gilda, mi amiga desde los tres años, que vive en España, que nunca había ilustrado libros pero empezó a hacerlo después de este trabajo. Las telas fueron recicladas: por un lado ahorré costos y, por otro lado, tiene mucha magia usar una tela que antes fue un vestido. La tela rasgada que deja ver una imagen oscura habla de la clandestinidad, de las cosas no dichas, de los tiempos de la represión y cómo desde la niñez se viven esas cosas. Hice una tirada de cien libros, y luego una segunda tirada igual. Y se agotó.

At.: ¿Por qué Malasaña?

F.O.: Malasaña es al barrio donde yo vivía en Madrid. Manuela Malasaña es un personaje del que se dice que peleó contra los franceses en las invasiones napoleónicas. Hay dos versiones: que fue asesinada a los 15 años cuando salió con su padre, armado con un trabuco, a balear a los invasores. Y otra más creíble que dice que ella trabajaba en un taller de costura tomado por asalto por soldados franceses que la violaron y la mataron. Es una heroína de la historia de España.

At.: ¿Cómo sigue Malasaña después de “Diario de una hada”?

F.O.: Yo venía con la idea de publicar textos de otras personas. Tenía una idea de publicar libros de mujeres pero todavía no era una decisión. Hice una página. Me empezaron a llegar propuestas muy diversas. Necesité definir un criterio de selección y dije: mujeres y primeras obras. Después tal vez lo amplíe, porque hay muchos escritores varones que me gusta cómo escriben y tampoco es cuestión de ser sexista al revés. Por ahora la colección que está en marcha es esta.

At.: Y después llega “Ni tan pink ni tan punk”, un libro de poesía que tiene cierto espíritu de manifiesto, un llamado a las mujeres a ser solidarias entre sí. Y después, más libros.

F.O.: Sí. Ni tan Pink fue re fácil, lo hice rápido en mi casa. Las hojas son rosa, por ejemplo. Pensaba venderlo en el colectivo. También se lo di a un distribuidor que vende libros en las sierras de Córdoba. Fue un libro muy hippie, intenté incluso venderlo a la a la gorra, pero las personas interesadas no sabían cuánto pagar y entraban en conflicto. Me aseguré de que quedaran algunos ejemplares en Bibliotecas y Públicas y lugares de acceso gratuito. Después vino el libro de Pamela Valdebenito, en formato de diario de viaje, que a mí me encanta. Dimos con un dibujante que nunca había ilustrado  libros. Y después vendrá el libro de Virgina Rozza, “Pido la palabra”, que es primera obra pero reedición: la primera la hizo H.I.J.O.S. en 2003. Es un libro de animación a la lectura, con textos y actividades e ilustraciones de Analía Rodríguez, que tampoco había ilustrado libros antes, por lo cual Malasaña es editorial de primeras obras de ilustradores también, ahora que lo pienso.

At.: ¿Cómo te sentís después de haberte formado como editora desde la idea, la escritura, el diseño, el armado a mano, la circulación a pulmón?

F.O.: Me pone contenta. Siempre estoy pensando en el  próximo libro. Aprendí mucho: por ejemplo que para hacer libros artesanales hay que contar con tres o cuatro encuadernadores, porque hacer doscientos libros iguales te quema la cabeza. Me gusta estar siempre atenta a gente que escribe. Me gusta que los libros sean bonitos. El trabajo con lo reciclado tiene que ver con una mirada del mundo que respeto y valoro, pero tiene que ser para trabajar ese concepto. Si es sólo porque es barato no hay que hacerlo. Aprendí a veces mirando a los que hacen libros, pero en técnicas complejas tuve que hacer cursos, pagar, estar ocho horas aprendiendo. Y aprendí a conocer mis limitaciones. La técnica cartoné del libro Límite, por ejemplo, exige mucha meticulosidad para tomar medidas, así que busqué un encuadernador con esas condiciones y le encargué el trabajo.

At: Ahora contanos un poquito de tu incursión en el stand up.

F.O.: Siempre tuve  facilidad para el humor desde la forma de hablar mientras que al escribir me voy más a lo melancólico. Y bueno, mi psicóloga me lo dijo una vez: “Che, ¿cuándo vas a poner un poquito de humor en tu escritura?” Y me di cuenta con el stand up de que se puede ser muy crítico y hacer reír. Y eso me pareció muy interesante. Hice un experimento en la presentación de Ni tan pink ni tan punk, salió lindo, y me dieron ganas de seguir desarrollando eso. Tengo dos textos, uno sobre el machismo y otro sobre cómo es trabajar en un Espacio de Memoria en Córdoba.

At.: Una vez más, ¿por qué editás, por ahora, sólo mujeres’

F.O.: Es por una posición ideológica. Yo me considero feminista. Como una respuesta a eso de que “no hay mujeres que escriban” o “no hay obras de mujeres”.  En realidad muchas mujeres escriben y no son tantas las que se animan a publicar o tienen la oportunidad. Por solidaridad de género, quizás. Toda esta visualización que está teniendo el feminismo está ayudando a preguntarnos como sociedad qué pasa que matan mujeres, que violan mujeres, que hay que aguantarse chistes machistas, que te acosan en el laburo, y no sucede sólo en los países árabes: pasa en tu casa, en la mía, en la escuela, en la oficina, acá mismo. Y pasa porque hay un gran poder construido desde la masculinidad.

Poemas de Florencia Ordóñez, del libro Ni tan pink ni tan punk

Un sueño

Anoche soñé con vos:
Yo estaba sentada en La Alameda
y vos te acercaste a pedir fuego.
Nunca te había visto.
Nunca me habías hablado.
No sabía tu nombre
ni vos el día de mi cumpleaños,
jamás nos habíamos besado
y ninguno había lastimado al otro;
no sabía cuál es tu tango favorito
ni vos de todas mis supersticiones
(toda esa información que acumulamos
y confundimos con intimidad).
Yo no sabía cómo te queda el pelo corto
ni vos me habías visto pelirroja,
mis amigos no te odiaban,
tus amantes no me temían,
no llamabas gratis a mi número
y no teníamos treinta y cuatro amigos en común.
No tenía libros con tu dedicatoria,
nadie le había pedido perdón a nadie
y no nos habíamos dicho te quiero.
⎯ ¿Tenés fuego? ⎯Dijiste
⎯No⎯sonreí⎯no fumo.
Te fuiste y no volví a saber nada de vos.
A veces, es mejor no despertarse.

Carpani

Mi mamá tenía un Carpani
era un grabado, si no me equivoco
y estaba bellamente enmarcado
(ya de chica solía fijarme en esas cosas)
lo tenía colgado en el salón de nuestra casa, calle Palma 52
segundo derecha
barrio de Malasaña
de una ciudad que alguna vez se llamó Magerit
y fíjense que digo nuestro salón y nuestra casa
y hasta podría decir mi ciudad y mi barrio
uno de mis barrios
pero digo mi mamá tenía un Carpani
y no “teníamos”
y es que esos puños crispados
la dureza de esos martillos y esos labios sin sonrisas
ese blanco y negro despiadado
no tienen nada que ver conmigo.