Entrevista Griselda Elejalde - Casa Azul

Agua trae
Casa Azul: gestionar cultura desde las Sierras Chicas. Entrevista a Griselda Elejalde, coordinadora del Centro Cultural Cooperativo Casa Azul. Desde su experiencia como gestora cultural, Elejalde define el rol de la cultura en Río Ceballos, sus carencias y sus puntos fuertes.
Emergencia económica en Río Ceballos

At: ¿Cómo definirías/ describirías el espacio Casa Azul? ¿Qué propuestas ofrece y a quiénes están destinadas?

G.E: El Centro Cultural Cooperativo Casa Azul es el espacio cultural de la Cooperativa de Obras y Servicios Río Ceballos, depende de esa institución, y a su vez tiene una vida propia distinta de las actividades y rutinas que se desarrollan en la sede de la Cooperativa, básicamente porque brinda otro servicio. Las propuestas que tenemos para este año son: por un lado, una serie de talleres artísticos-culturales que se vienen manteniendo desde hace algunos años, se van renovando algunas propuestas y otras son estables, de teatro, danza, música con variedad de instrumentos y géneros, de artes plásticas, los talleres son para todas las edades, para niños de 1 año hasta adultos mayores. Está funcionando también en Casa Azul la Escuela de Percusión Bum Racatá que coordina Pablo Solis, quien está desarrollando su propuesta en diversos espacios con los cuales nos vinculamos desde este hacer colectivo, desde la música. Y de algunos de los talleres se han ido consolidando grupos de producción, como son el grupo de Teatro a las Casas que coordina Mariel Bof y el grupo de Folklore Mampa Danza que coordina Karina Filoni. Desde el año pasado funciona un jardín creativo que es para niños a partir de 1 año, con una visión sobre esa primera etapa de la vida, que se diferencia de otros jardines, con una pedagogía no directiva, que evaluábamos como una necesidad que este espacio podía cubrir.

At.: O sea que además de talleres artísticos, también hay otras propuestas…

G.E.: Sí, también hemos ido avanzando en estos últimos años en abrir un espacio de formación y capacitación laboral, en el que establecimos el vínculo con la Escuela de Oficios de la Universidad Nacional de Córdoba y con la Casa Pyme de Córdoba. La idea es trabajar siempre en coordinación con otras instituciones y organizaciones, como la Casa Pyme que trabaja en la promoción de empleo y capacitación, y de esa manera desarrollar un trabajo cooperativo con otros y brindar estos cursos de capacitación. Con ellos pudimos este año abrir una sala equipada con computadoras para brindar los cursos de formación y capacitación en nuevas tecnologías. También tenemos la posibilidad de brindar cursos con puntaje docente, a través de la Red de Educación continua de la provincia. Y como tercera línea de trabajo, está la que tiene que ver con eventos, espacios de promoción de libros, de conciertos de música, actividades comunitarias de encuentro con los barrios, en Casa Azul o fuera. Ahí es donde se da la articulación con otros espacios de la comunidad, como la Biblioteca Popular Sarmiento, otros espacios culturales y los Centros Vecinales, para coordinar u organizar cosas en conjunto. Las tres líneas se organizan tanto desde mi rol como coordinadora de la casa, como con el área de Comunicación y Cultura de la Cooperativa, que es, dentro del esquema organizacional de la Cooperativa, donde funciona la Casa Azul. 

At: ¿Qué expresiones culturales busca visibilizar Casa Azul?

G.E.: Hay un criterio que generalmente se vuelve a replantear que tiene que ver con la cultura local. Este año estamos haciendo un ciclo de música junto con la Asociación Civil Sierras Chicas que se llama Suena Río. La idea de ese ciclo de música es visibilizar a los músicos de las Sierras Chicas como un espacio de promoción de lo que se produce acá. Ese criterio es una constante en las actividades que promovemos desde acá, quizás no exclusivamente pero sí primordialmente: trabajar y reforzar la identidad del lugar, de los creadores que están en la zona y que puedan encontrar acá un espacio de visibilización de cosas. Otro enfoque es el de articulación con otros. Ahí es donde la red de trabajo con la Biblioteca, las escuelas, los Centros Vecinales, trata de potenciar las actividades de cada uno haciendo cosas juntos. 

At.: ¿Cómo evaluás el presente cultural de Río Ceballos? Pensándolo en relación a otras ciudades de la Sierras Chicas y a otros momentos de la ciudad.

G.E.: Yo hace seis años que vivo en Río Ceballos, y al tiempito que me mudé comencé a trabajar en la Casa Azul. O sea que mi experiencia es de este tiempo y desde este lugar. Desde ahí te puedo decir que siempre me resultó un lugar donde ciertas cosas resultan más difíciles de lograr de lo que uno piensa o imagina. Hay una configuración local que es particular de Río Ceballos y que sólo conociendo el entramado uno puede comenzar a identificar qué cosas pueden llegar a tener más impacto, qué cosas no, qué necesita el doble de trabajo. Digamos que esto de asociarse en el trabajo con otros ha sido una de las claves. Aprendí que dentro de lo que es reconocido por el otro, uno pueda empezar a innovar. A priori, hay una especie de desconfianza a lo desconocido. Si no se conoce de antes, no tiene la misma llegada. Al principio tuve la sensación de que muchas cosas caían en saco roto, pero fue hasta que pude llegar a conocer esa trama. Uno viene desde afuera con otra experiencia y con total desconocimiento de lo local. 
At.: Sin embargo, si lo comparamos con otras localidades serranas –dejando de lado las grandes ciudades como Córdoba- las Sierras Chicas tiene una movida cultural mayor en relación a, por ejemplo, el Valle de Calamuchita o Punilla. Creo que esto puede tener que ver con el arribo a esta zona de gente interesada en la cultura, e interesada en promoverla acá…

G.E.: Sí, yo a eso lo veo. Incluso creo que a veces hay hasta superposición de propuestas que podrían estar muchísimo mejor articuladas. Pero creo también que los que consumen eso es siempre un mismo círculo de gente. Lo difícil es abrir la convocatoria. Porque… a ver, la Casa Azul tiene su historia en el pueblo y en quiénes acceden a ese espacio cultural, que no son los sectores populares, por ejemplo. ¿Cómo romper eso? El trabajo está en hacer que esa propuesta no circule siempre por los mismos lugares, no llegue siempre a la misma gente. Ahí hay puesto mucho trabajo y muy de a poquito se va viendo una apertura. Este año por ejemplo hicimos un trabajo con el Equipo de salud de Los Vascos, con el dispensario del barrio, por un proyecto de la Cooperativa que consistía instalar tanques en las casas que no tenían reservorio de agua y que se quedaban sin cada vez que se cortaba el agua. Y esa acción terminó con una acción cultural en el merendero de Barrio Los Vascos. Entonces, es cuestión de buscarle la vuelta. Podría no haber terminado con un encuentro cultural, podría no haber terminado con un espacio donde circule la palabra, el mate, porque el objetivo era instalar los tanques. El trabajo de quienes ocupamos esos lugares es hacer entender que la cultura no es algo accesorio, ¿no? El proyecto realizado en B° Los Vascos, donde se vinculó la instalación de un servicio esencial como el agua a la cultura, da cuenta de la intención de que estas dos dimensiones de la Cooperativa no se conciban de manera disociada. En el mismo socio de la Cooperativa estos espacios están separadas, porque hay prácticas históricas que los separan. Si los socios de la Cooperativa entendieran a la Casa Azul como parte de la misma institución, se darían cuenta de que es otro el rol que pueden cumplir allí: son socios también de la Casa Azul. A esto hay que reforzarlo y traducirlo en prácticas concretas. 

At.: La cultura de una ciudad responde también a políticas públicas, a instituciones políticas que toman decisiones al respecto. ¿Cómo se está desarrollando esa relación instituciones gubernamentales-cultura?

G.E.: Creo que está siendo una época difícil para la cultura en todos los ámbitos, no solamente en Río Ceballos. Es como si en el plano nacional, provincial y local se fuera replicando una clara intención de vaciamiento de la cultura. En ese contexto los espacios culturales tenemos un rol muy importante. Tenemos que ser conscientes de ello para poder hacer una resistencia activa y poder afrontar esa situación. En un contexto tan adverso, donde cuesta sostener incluso el día a día, va a disminuir lo que la gente pueda depositar en aquellos espacios donde se encuentra con la cultura. Pero que a su vez son vitales para poder hacer una lectura de eso que está pasando, y para que no se rompan los lazos entre los sectores sociales, entre los vecinos. Entonces, si no hay una lectura más macro de dónde estamos parados y cuál es nuestro rol ahí, es mucho más fácil que vengan a por nosotros, ¿no? Para mí es preocupante porque veo carencia de políticas públicas en cultura, en otras áreas también, pero en esta en la que yo ocupo un lugar y donde cotidianamente está puesto mi trabajo veo que, deliberadamente, cada vez hay menos propuestas culturales. Acá todo es más cercano y conocemos a quienes ocupan estos lugares ahora. Sabemos que no son maquiavélicos, pero su no acción está siendo funcional a esa lógica que está barriendo con todo. Su no acción va a implicar que se caigan proyectos, que deje de haber por ejemplo un lugar donde los chicos puedan estudiar música, como la Orquesta Social. Si nosotros no defendemos lo conquistado y peleamos para que haya más de esos espacios, o transformarlos si no son lo que deseamos que sean, es mucho más fácil que se cierren o se los deje caer. Hacerse cargo del lugar que uno ocupa, es estar ahí defendiendo eso. Por otro lado, veo también que las crisis posibilitan la creatividad. Hay que ser creativos y gestionar lo que ahora el Estado no te da. La pregunta es cómo se vuelve a generar eso a lo que antes nos habíamos acostumbrado a tener. 

At.: Sí, pero si desde la oficialidad, que desde donde se deben brindar los medios para el desarrollo de la cultura, se la lee como un gasto –porque esos son los términos en los que se ha expresado el posicionamiento- estamos en problemas. Esto, que es una forma de pan, se está dejando de lado y hay un empobrecimiento de la cultura y de la sociedad toda, por ende.

G.E.: Es que por eso es deliberado el vaciamiento. Ese criterio de que debe ser productivo, tiene que autofinanciarse la cultura para poder ser sostenible –que es considerarla un gasto- lo que genera es que ahí no haya tanta producción, no haya pensamiento nuevo, no haya resistencia. Eso es deliberado. Lo que a mí me parece preocupante es que los que no estamos en esos ámbitos oficiales pero sí estamos en otros espacios en donde esa no es nuestra concepción, no estemos uniéndonos para hacer frente ante eso que es mil veces más grande que nosotros. Es ser bastante ingenuos decir “Bueno, yo desde acá sigo con mi proyectito”, porque NO, las herramientas no van a estar para que sigas con el proyectito si no me uno con otro para tener más fuerza. Porque la que se viene es el gigante. Bueno, ¿y cómo le vamos a hacer frente al gigante? Yo sé y puedo distinguir quién es mi enemigo, pero me tengo que aliar. Y ahí yo veo que hay una cuestión muy arraigada de pequeñas mezquindades que no nos permite esa alianza y me parece un despropósito. Que tienen que ver hasta con el prejuicio del “nacido y criado” vs “el recién llegado”, que dice mucho de la matriz cultural de este lugar.  

At.: Desde tu experiencia como gestora cultural, ¿qué direcciones creés que sería preciso adoptar desde la esfera institucional para promover la cultura de la ciudad?

G.E.: Creo que a nivel municipal es necesario un programa, es necesario tener más claro qué objetivos se persiguen. Acá no hay un espacio donde uno se pueda formar en arte, lo más convocante en Río Ceballos son los espacios de la Iglesia, el Grupo Alegría, porque hay una carencia de un espacio como la Escuela Popular de Arte, como la que hubo en Unquillo hasta el año pasado. En otra escala, este espacio intenta ser un espacio de encuentro pero no tiene las mismas herramientas que podría tener uno estatal en el que haya una apuesta oficial. Creo que por eso también hay tantos centros culturales en Río Ceballos: ninguno es gratuito y por ende accede un sector limitado. Ahí hay un hueco, algo que no está siendo mirado y capitalizado. La Cooperativa, si bien es un espacio intermedio entre lo privado y lo estatal, puede ofrecer algunas actividades gratuitas pero no todas, porque las actividades se autosustentan. Vuelvo a retomar lo que pensábamos sobre el contexto: si hubiera una propuesta de unir fuerzas, lo podríamos hacer incluso sin que esté del todo solventado desde lo estatal. Podríamos pensar en un proyecto que nos congregue a todos y en el que persigamos un objetivo en común. Ese es para mí un horizonte.

Entrevista Griselda Elejalde - Casa Azul
Entrevista Griselda Elejalde - Casa Azul
  • Entrevista Griselda Elejalde - Casa Azul
  • Entrevista Griselda Elejalde - Casa Azul
  • Entrevista Griselda Elejalde - Casa Azul
  • Entrevista Griselda Elejalde - Casa Azul
  • Entrevista Griselda Elejalde - Casa Azul
  • Entrevista Griselda Elejalde - Casa Azul

Anuncio