Final abierto de las legislativas 2017. Algunos apuntes para pensar lo que dejaron las PASO

Pedro Sorbera
A pocos días de la jornada de Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) para elegir los candidatos que van a jugar en las legislativas de Octubre del corriente año, continúan las interpretaciones sobre los resultados. Al momento de hacer un análisis de la contienda electoral del domingo pasado, son muchos los temas que pueden tenerse en cuenta y son múltiples los recortes posibles para una reflexión. En este caso, tres puntos considero importantes para seguir pensando algunos días después: la victoria de Cambiemos a nivel nacional, la amplia victoria de Cambiemos en Córdoba y por último, algunas notas de lo sucedido con los resultados en Provincia de Buenos Aires y Santa Fe.
Elecciones 2017

Cambiemos y la consolidación a nivel nacional: se ratifica la derecha dispuesta a todo y con votos

Las elecciones del domingo 13 de Octubre se desenvolvieron en un contexto que no podría presentarse como óptimo para el oficialismo nacional. Con una economía que no arranca, una inflación que no cede, el empleo que no crece y para colmo una escalada del precio dólar que superó los 18 pesos, en un récord histórico para la moneda norteamericana en nuestro país. A su vez la desaparición de Santiago Maldonado, tras un operativo de Gendarmería en Chubut, hizo rememorar los peores tiempos de nuestra historia reciente.

En la previa, se percibía un contexto de apatía general con respecto a estas primarias. De hecho, el Gobierno Nacional y otras fuerzas políticas intentaron restarle importancia afirmando que las PASO “son inútiles”, “no sirven para nada”, que implican “dilapidar” dinero. La participación en la elección no ratificó precisamente esa apatía, ya que un 74% del padrón electoral se presentó a elegir sus candidatos para Octubre, aun cuando no todas las fuerzas presentaban contienda interna.

Con el 97,1% de los votos escrutados en todo el país, Cambiemos sacó un 37,2% a nivel nacional, ganando algunos distritos claves como, Capital Federal, Córdoba, Mendoza, Entre Ríos e inclusive en territorios en donde el peronismo o una fuerza local suelen ganar con tranquilidad como San Luis, Neuquén, La Pampa y Santa Cruz.

De esta manera, nos encontramos ante una derecha con votos, que tiende a consolidarse en la nueva escena política. Las razones de ello son varias, quizás la primera sea la capacidad de torcer voluntades y atraer votos que tienen los oficialismos nacionales, por los incentivos selectivos que ofrecen a las fuerzas políticas de cada territorio facilitando las alianzas y apoyos locales. Segundo, que sólo llevan dos años en el gobierno, y muchos argentinos todavía creen que es muy rápido para bajarle el pulgar a pesar que las cosas no marchen bien, el famoso: “hay que darle tiempo” o “dejen gobernar”. Por último la dispersión opositora, principalmente la del peronismo, que en algunos distritos presentó fuerzas divididas, o que no logra forjar una identidad claramente opositora al macrismo, tensión expresada por las versiones de “peronismo republicano” y el peronismo que reconoce el liderazgo de Cristina Fernández de Kirchner.

Lamentablemente, a más de una semana de las PASO todavía no hay claridad con respecto a los resultados de la Provincia de Buenos Aires que, según las mesas testigos y la proyección de las mesas que faltan escrutar, la victoria sería para Cristina Fernández de Kirchner aunque sin la amplitud que se pregonaba antes de la elección. La indefinición invita a un panorama abierto de cara a las legislativas de Octubre en donde el oficialismo buscará profundizar esta tendencia victoriosa a nivel nacional, y en la que el peronismo deberá resolver distrito por distrito cómo achicar la brecha donde se perdió con Cambiemos, o aumentar esa diferencia de votos donde ganó, mientras todas las miradas estarán en la madre de todas las batallas que será la de Provincia de Buenos Aires.

De Córdoba “La Docta” a la Córdoba “del Cambio”: entre una PROpuesta republicana y el “peronismo republicano”

La victoria del ex referí Héctor Baldassi por Cambiemos frente al candidato de Unión por Córdoba, el vicegobernador Martín Llaryora, fue noticia por su amplitud. Casi un 16% fue la diferencia en votos a favor de Cambiemos, ante una fuerza que gobierna  la provincia hace más de 18 años. Esto extiende el vínculo entre Macri y esa Córdoba del 70/30 del ballotage de 2015, pero deja lugar para algunas preguntas: ¿Por qué en este dominio peronista Cambiemos se alzó con tan claro triunfo cuando la disputa principal era con un peronismo anti kirchnerista? ¿Cómo disputarle a Cambiemos su PROpuesta republicana con una idea de peronismo republicano? ¿Cómo oponerse al oficialismo nacional si se lo legitima constantemente y se reconoce como adversaria a una candidata de Provincia de Buenos Aires?

Vamos por parte, entonces. La explicación de la contundente victoria del macrismo en Córdoba podemos encontrarla, primero que nada, en la aceptación con la que cuenta la PROpuesta republicana en la Provincia. Cuestionada por pocos actores de trascendencia pública, apoyada fuertemente por casi todos los medios de comunicación y legitimada constantemente por el mismísimo gobernador (quién tiene una alta imagen positiva), era difícil creer que Cambiemos hiciera una mala elección. Si a eso le sumamos la identificación del macrismo con amplios sectores del “campo”, con el sector industrial-financiero cordobés y la inyección de obra pública que pudo observarse en los últimos meses, la escena se planteó ideal para la fuerza amarilla.

A pesar de esto, es insoslayable el impacto negativo de las políticas macroeconómicas del oficialismo, más allá de las lecturas optimistas de los grupos económicos concentrados, a quienes les fue muy bien también durante los gobiernos kirchneristas. A mi entender, existe un ancho camino para cuestionar y oponerse frente a un modelo que afecta la industria nacional, que con tarifazos liquida las pymes, y ni así pudo achicar la brecha del precio de los servicios públicos entre Buenos Aires y el interior. A su vez, propone reformas que atentan contra el trabajo formal, desea extender la edad jubilatoria, somete a las provincias al eterno endeudamiento y un largo etcétera. Además, no avanzó para nada en sus tres demagógicas, irrealizables e incomprobables promesas: pobreza cero, hermanar a los argentinos y combatir el narcotráfico.

En ese marco, el gobernador Schiaretti buscó tal vez por estrategia, aunque considero que más por identificación política, ser un aliado de Cambiemos. Constantemente legitimó al gobierno nacional, con el dato de color de aquel baile compartido con Macri en el interior cordobés, y facilitó gobernabilidad, esperando que esa actitud retribuyera en molino propio. El problema es que las elecciones de medio término están programadas, y aunque se pretenda bajarle la intensidad a la contienda o quitarle peso, los votos se cuentan igual. En esa línea, Macri con irreverencia, le marcó la cancha a Schiaretti cuando le reclamó por los altos impuestos que hay en la Provincia, en una conferencia de prensa conjunta que dejó descolocado y en ridículo al gobernador. A partir de ese momento, “el Gringo” se metió de lleno en la campaña e intentó diferenciarse con algunas críticas al gobierno nacional, el problema es que el mensaje no habría llegado a tiempo a los cordobeses, tan propensos al ideario macrista.

Pero busquemos otra línea con fuerza explicativa: ¿qué oposición le puede hacer esta idea rara de peronismo republicano a la interpretación de la tradición republicana del PRO? Señalo esto, no porque el peronismo no sea republicano, como suelen señalar hipócritamente ciertos análisis sesgados, sino porque la identidad peronista entre la diversidad imperante y en sus etapas más recordadas o reconocidas, se construyó en torno a la ampliación de derechos, la incorporación de las masas a la vida política y el combate de la desigualdad, es decir, con una democracia mucho más intensa y popular que la pretendida democracia procedimental de los “republicanos”. Además, el PRO no viene sólo por el peronismo de tradición nacional y popular, también espera colonizar y eclipsar ese peronismo más conservador, con el que tiene muchos puntos de encuentro, pero con quien no quiere compartir poder. Disputarse con los mismos elementos y discursos un electorado que rima con ambas propuestas, puede ser peligroso en un marco electoral, ya que queda librado a quién se muestre como mejor intérprete para ello, y en el cual, quienes enarbolaron primero esa idea renovadora de cambio, tienen más chances frente a quienes son gobierno y encima hace tantos años.

Para cerrar éste punto, el macrismo también le arrebató a Unión por Córdoba esa construcción que De la Sota (gran ausente en la contienda) llamó cordobesismo. Esa identificación del pueblo cordobés como “alegre” y “picante”, de la “Córdoba productiva y culta”, que De la Sota sedimentó desde 2011 para oponerse al Kirchnerismo, ahora cuaja más que bien con el discurso “emprendedor” y de “alegría” del macrismo, que en vez de ser usado en términos separatistas frente a la nación, ahora invita a los cordobeses a un proyecto de país en donde se sienten los principales protagonistas.

Por último, señalar que la principal voz que intentó ser una férrea oposición y consiguió  un para nada desdeñable apoyo fue la propuesta de Córdoba Ciudadana. Liderada por un sindicalista universitario, Pablo Carro, logró casi un 10% de los votos, insuficiente para ser una fuerza de relevancia en la provincia pero superando ampliamente las expectativas con las que largó su campaña. Aún así, la lectura sobre la performance del kirchnerismo en Córdoba no puede ser positiva, si consideramos que los antecedentes fueron Cristina en 2011 con el 37% (teniendo en cuenta un cierre con UpC), Scotto-Gill en las legislativas de 2013 con un 15,25%, y Daniel Scioli con un 19,26% primera vuelta, 28,5% en la segunda vuelta. Si bien hay margen para crecer, cabe preguntarse cuánto y si puede lograrse sin contener jefes municipales, más sindicatos o incorporar una parte del peronismo cordobés. Mantener esa identidad progresista, juvenil y universitaria puede ser una buena base, pero nunca suficiente para disputar poder real. Como siempre lo político dista de ser estático, y queda un trecho por recorrer hasta Octubre.

“Las noches de falsas victorias terminarán…” ¿?

Antes de cerrar, me gustaría comentar algunas cuestiones de la elección en Provincia de Buenos Aires y Santa Fe. Es que a diez días de las PASO y con el escrutinio definitivo sin concluir, aun no sabemos si ganó Bullrich o Cristina. Sin embargo, la foto del domingo 13 a las 22 horas era un macrismo de festejos, celebrando una falsa victoria, con una distancia de 6 puntos de Bullrich sobre la ex presidenta y con apenas el 35% de las mesas escrutadas. Lo que llama la atención es que el lunes 14, alrededor de las 6 de la mañana, la tendencia estaba cerca de ser revertida cuando se decidió dejar de cargar telegramas. También el domingo a la noche marcaba una victoria de Cambiemos en Santa Fe que redondeaba una gran jornada electoral del oficialismo, ganando los distritos más poblados del país. Sin embargo, en la madrugada del lunes, Agustin Rossi dio vuelta el resultado en dicho distrito. La polémica quedó planteada por la forma mañosa con que se cargaron  los datos en ambas provincias, inclusive con denuncias de algunas irregularidades en mesas del conurbano bonaerense.

El macrismo, de la mano de Durán Barba y los medios de comunicación adictos, tienen esa potencia para plantear ficciones y otorgarles fuerza de verdad. Con esa forma de presentar los resultados del domingo, es decir, con su propia ficción, Cambiemos se envalentonó y cree lo suficientemente legitimada su gestión como para avanzar con las políticas de ajuste que todos los grupos de poder concentrado vienen reclamando. A pesar de esto, y suponiendo que Cristina ganara por dos puntos, un punto o un voto, la victoria sería del Kirchnerismo que algunos dan por muerto o le llaman residual. Esa hipotética victoria del campo nacional y popular, es importante, pero tampoco puede ser observada con el optimista “vamos a volver”, ya que Cristina vuelve a ratificar ese piso electoral que está por encima del 30%, pero se encuentra aún lejos de convocar las voluntades necesarias para interpelar a las grandes mayorías. La incógnita es cuánto del voto de Randazzo o Massa logrará sumar, más allá de lo que pueda pescar Bullrich del componente anti-k de esos electores. Sin dudas la foto final de Octubre será la que determine la estructuración del escenario político, pero si los resultados no se modifican sustancialmente la conformación del Congreso no distará demasiado de la actual, y tanto gobernabilidad como avances del oficialismo dependerán de mantener una oposición dividida y dócil, como fue desde el 10 de Diciembre hasta ahora. Por su parte, quienes quieran ser una alternativa real de poder deberán primero hacer una buena elección en Octubre, pero principalmente aglutinar mayores fuerzas y un programa que, con mucha responsabilidad política, se evidencie claramente opuesto al macrismo. La estrategia del oficialismo será operar para profundizar la persecución judicial al kirchnerismo, polarizar contra “la corrupción”, la “irracionalidad” y “anormalidad” de los gobiernos peronistas, y seguir mostrando una idea de cambio y renovación, ocultando su sesgo clasista y exprimiendo al máximo una de sus principales figuras, María Eugenia Vidal. La definición está abierta, hay que esperar hasta Octubre.

 

Pedro Sorbera

Licenciado en Ciencia Política

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