La audiencia del gas en dos actos

Fernanda Libro
El pasado viernes 24 de noviembre se convocó a una audiencia pública con el objetivo de tratar la obra ya iniciada de conexión del gas natural. La audiencia tuvo momentos de euforia y aplausos alabadores, y también muchas preguntas que quedaron sin repuesta y que deberán esperar nuevas convocatorias. Aguatrae estuvo ahí. Aquí algunas escenas de lo que fue el “debate” del gas.
Audiencia del gas natural - Río Ceballos
Audiencia del gas natural - Río Ceballos
Audiencia del gas natural - Río Ceballos

Podríamos elegir contar qué pasó en la audiencia del Gas cronológicamente, como quizás el lector preferiría. Pero el acto final de esta “Audiencia en dos actos”, como vamos a llamarla, merece un lugar protagónico, al menos en esta crónica. El presidente del concejo deliberante, Martín Rivero, encargado durante toda la audiencia de otorgar la palabra a los oradores inscriptos, anunció: “Último de la lista, Gaspar Lemos”. En ese momento Lemos, ubicado en el fondo del salón, irrumpió con un tono que se confundía entre el enojo y la efusión, y comenzó su alegato. “Soy médico”, fue una de sus primeras aclaraciones, “Y no es cierto que me haya enriquecido ilícitamente durante mis gestiones, como se me acusó ante los tribunales de Córdoba”, aclaró extrañamente antes de comenzar a hablar del gas. Todos sus aportes posteriores se mantuvieron en la tónica enojo/efusión, a lo que se sumaron momentos de emotividad historicista y partidaria. Entre otras cosas, acusó a los comerciantes del centro (“¿Saben cuántos locales comerciales hay en el centro de la ciudad? Yo sí sé: 411 locales, ni uno más ni uno menos”) de deberle al municipio 3 millones de pesos en concepto de impuestos; desempolvó un viejo panfleto de 1995 en el que se criticaba el primer intento de instalación de la red de gas natural en la ciudad; y pronunció un aval irrestricto a la gestión actual en esta empresa: “Los felicito, adelante y tengan en mí un apoyo incondicional”.

El fantasma que sobrevoló la audiencia fue el de aquella oportunidad perdida hace 22 años. Lemos señaló que la conexión de gas hubiese salido en 1995 un aproximado de 2 mil pesos. Varios de los presentes hicimos cuentas y, si un docente de nivel medio cobraba entonces alrededor de $450 pesos, pagar la conexión le hubiese costado más de cuatro meses de sueldo entero destinados exclusivamente a hacerlo. Por fuera de esta cuenta, en 1995 2 mil pesos equivalían a 2 mil dólares –plan de convertibilidad-, por lo que hoy representaría la suma de $34.500 pesos, tomando un precio dólar de $17,25. La cuenta que expuso luego de este capítulo de recuerdo de lo que pudo haber sido y no fue, trató de sintetizar lo que nos hubiésemos ahorrado en gas envasado de haberse concretado la conexión en aquel entonces. La cuenta fue un poco rara, considerando que se hizo sobre el precio actual del tubo de 45 kilos, precio que debe haberse multiplicado a pasos tan estrepitosos como la inflación de estos último 22 años. “El alegato de Lemos”, como llamaremos a este primer acto, terminó con una segunda intervención que solicitó con un chasquido de dedos casi cuando todos los presentes nos poníamos de pie para emprender la retirada. En este segundo round apeló a un posicionamiento más partidario y declaró que las únicas obras de pavimentación de la ciudad “se hicieron durante gestiones radicales”, y abundó en elogios para el partido, para “los del palo”, como los llamó él mismo. La audiencia del gas terminaba así con una loa al radicalismo que varios de los presentes aplaudieron como si se tratase de un acto proselitista.

Segundo acto: “Me voy con las mismas preguntas con las que vine”

Una audiencia pública constituye una instancia de participación en la toma de una decisión sobre un asunto de interés público. Es el espacio al que pueden acudir los afectados a expresar sus opiniones, informarse y debatir los criterios que se manejan sobre el asunto en cuestión. La audiencia sobre el gas, sin embargo, no tuvo este carácter. La información que el Concejo Deliberante presentó ante los vecinos se limitó a la lectura de la Ordenanza Marco –para cuya aprobación es necesaria la instancia de audiencia-, y luego se le habilitó la palabra al Ingeniero Orestes Godino, responsable de informar a la sociedad acerca del proyecto sobre el que el gobierno municipal se encuentra trabajando.

La frase que titula este segundo acto pertenece a uno de los vecinos presentes en la audiencia, pero la sensación era compartida por varios. Luego de que el Ing. Godino detallara que en esta primera fase del proyecto se realizará el trazado de los primeros 4500 metros del ramal principal, la pregunta que quedaba picando en mucho de los presentes era, obviamente, cuándo y cómo continuará la obra. Considerando que esta fase inicial va desde la Planta Reductora por la calle Oscar Ferreyra, luego por Sarmiento hasta el Centro de Salud Norcelo Cardozo y toma luego la Avenida San Martín hasta la altura del Hotel Howard Johnson, una gran parte de estos metros iniciales beneficiarán a comerciantes y no a residentes de la ciudad. Nadie podría negar el avance que esto representa para la ciudad, pero lo cierto es que este era el espacio para que los vecinos al menos se enteraran de las proyecciones de la obra para poder calcular el tiempo que mediará hasta que cada uno se convierta en beneficiario. La respuesta se fue diluyendo hasta desaparecer del todo. En repetidas intervenciones se preguntó sobre el modo de financiación de la extensión de la obra, ante lo que se respondió que la continuidad dependerá de la recaudación del consumo de estos primeros beneficiarios pero, dado que el ente recaudador del gas no es la municipalidad, ésta sólo contará para la continuidad de la obra con un porcentaje menor, que Godino calculó en alrededor del 30% de la facturación del consumo. ¿Cuánto puede llevarle al municipio conformar un fondo que permita efectivizar la continuidad? ¿Qué pasaría con ese fondo si, como sucedió el año pasado, la municipalidad declarara la emergencia económica?

Otra de las preguntas que suscitó debate tuvo que ver con el criterio que se empleará para calcular el monto que cada propietario deberá pagar para que se realice su conexión. Ante esto, el Ingeniero respondió que hay un acuerdo con Bancor para ofrecer créditos blandos para su realización. Pero estos créditos estarán destinados a la conexión desde el medidor hacia la vivienda, es decir, a la obra privada que deberá encarar cada vecino. El costo de conexión desde el ramal hacia el medidor requiere implementar un criterio que contemple el tipo de vivienda o local comercial al que se conectará. Es decir, no puede ser el mismo costo para un hotel de lujo que para una vivienda familiar. Godino aclaró que el criterio que se utilizará es en función de los metros lineales de frente, por ser el criterio que se está utilizando en Sierras Chicas. Pero este criterio no es precisamente el más equitativo: los metros de frente pueden no ser representativos del tamaño, la actividad económica y, por ende, de la capacidad de gasto del local o vivienda. Varios vecinos plantearon alternativas, como la implementación de un criterio polinómico que contemple los metros de frente, la superficie cubierta y la actividad económica, si la hubiera. Pero el Ingeniero repitió, y con ello cerró el debate, que el criterio adoptado es el mismo que en el resto del corredor, y arrojó un precio estimado en $1200 pesos el metro lineal. Cuando se le preguntó qué pasaría si un vecino no puede pagar, respondió que se hará “esfuerzo conjunto entre la Municipalidad y Ecogás” para que todos puedan acceder. Este punto fue realmente curioso porque dos vecinas que alegaban largo tiempo de residencia en la ciudad, sostenían posturas claramente opuestas: por un lado, Marina Lemos argumentó que a ella ningún vecino le preguntaba “cuánto iba a salir conectarse, están dispuestos a hacer el esfuerzo”. Por el otro, Vicky Ponza respondió diciendo que sí, efectivamente todos querían que la obra se realice, pero a ella todos sus vecinos le preguntan cuánto va a salir. Y la verdad es que nadie podría oponerse a un progreso tan ansiado por nuestra ciudad, lo que no quita que cada uno de nosotros pueda y quiera saber cuánto costará ese avance en cada economía familiar.

Este acto se cierra con otra pregunta sin respuesta aparente: ¿hacia dónde continuará el trazado luego de esta primera fase? La respuesta del Ingeniero fue “hacia los barrios que demuestren mayor voluntad y organización para que hacia allá vayamos”. Por lo pronto, si se analiza el recorrido que realizan estos 4500 primeros metros, se verá que los beneficiarios de este trazado inicial no son precisamente del sector al podría costarle mayor esfuerzo pagar una conexión: comienza en B° Cantegril, pasa por B° Santa Teresita y continúa en B° Centro. Una buena estrategia hubiese sido considerar el poder adquisitivo de estos barrios, estipular un costo de conexión –atendiendo, además, a que serán los primeros en comenzar a ahorrar en gas envasado- y conformar así un fondo que permita continuar la obra luego de estos metros iniciales.

Aparentemente, todas las preguntas que inquietaban a los vecinos presentes serán materia de las próximas ordenanzas y poco y nada podía decirse hasta el momento. Uno de los oradores, Marcelo Yornet, puso de relieve esta carencia al señalar “el tono de burla con que se responde a las preguntas de los que hemos venido hasta acá. Estamos pensando en cómo llevarle el gas a todos los vecinos y yo al menos aspiro a que tengamos un ámbito de discusión más profundo, no sólo un trámite administrativo para la aprobación de la obra”. Pero toda pregunta que excediera la Ordenanza Marco o los 4500 metros ya pautados, era entendida como “palos en la rueda”, según lo calificó uno de los vecinos presentes. De este modo, lo que se pretende que sea un espacio de debate público de apertura a las inquietudes de los vecinos terminó siendo una instancia protocolar necesaria para la aprobación de la ordenanza, sin pena ni gloria.