Las paritarias, la recomposición salarial y el sueldo mínimo vital y móvil

Diego Menoyo
El aumento de los precios, la inflación, la devaluación del dólar -hoy mayor a un 65%- se han convertidos en temas de discusión constante por estos días. Preocupa saber si acaso la inflación se verá reflejada en el costo de vida, si los salarios seguirán a la política de precios o si estamos dejando parte de nuestros sueldos para solventar esta crítica situación política.
Economía: crisis o sinceramiento

Los cierto que es que hoy la mayoría de los empleados, ya sean privados o estatales, nos encontramos negociando paritarias en un clima de tensión que no era imaginable un año atrás, tensión que se incrementa ante la posibilidad cierta de la cesantía.

El salario mínimo vital y móvil, fijado en julio de año pasado, alcanzó en enero de este año un monto de $6060. Eso significó un aumento del 28,5% en dos tramos a lo largo del año 2015, cuya última parte, el 10%, rige desde enero de este año. Sin embargo, este incremento sobre el sueldo básico no impacta de la misma manera en todos los escalafones salariales, por lo cual los trabajadores, a través de cada sindicato, deberíamos acordar en paritarias las recomposiciones salariales correspondientes.

El artículo 14 bis de la Constitución Nacional reconoce el derecho de los trabajadores al Salario Mínimo, Vital y Móvil, y el artículo 116 de la Ley de Contrato de Trabajo sostiene que el  “Salario Mínimo Vital, es la menor remuneración que debe percibir en efectivo el trabajador sin cargas de familia, en su jornada legal de trabajo, de modo que le asegure alimentación adecuada, vivienda digna, educación, vestuario, asistencia sanitaria, transporte y esparcimiento, vacaciones y previsión”.

Si bien se trata de un planteo un tanto abstracto, ya que no es sencillo decir cuánto es necesario  ganar para garantizar cosas tales como el esparcimiento, las vacaciones o una vivienda digna, cualquiera de nosotros que realice una simple cuenta y tome aspectos tales como alquiler y un par de compras en un supermercado, podrá acordar que un ingreso de $10000 apenas alcanza para cubrir los gastos básicos de un hogar tipo. Moyano, hoy mutado en sindicalista conciliador, habla de una canasta básica de $11300.

Entonces, ¿qué porcentaje deberían plantearse en la recomposición salarial en las paritarias de este año? El gobierno nacional impone pautas de un 25% anual, cuando sólo entre enero y febrero los cálculos más optimistas (Clarín 7/03/16) estiman la inflación superior a un 8% para los dos meses.

¿Pedir el 40% de aumento anual es una locura y solo propicia la desestabilización?

No parece ser así cuando en nuestra provincia el mismo estado incrementa la luz en un 89%, los peajes se incrementaron en más de un 150% y los combustibles en un 12% en lo que va del año. Podríamos seguir cotejando datos pero la emergencia estadística declarada en enero de este año imposibilita saber con certeza el aumento del costo de vida y su relación con el poder adquisitivo de la gente. Y aunque la pobreza y la desocupación no es una cuestión meramente estadística sino que se palpa y se vivencia en el trajín cotidiano, cierto es que resulta difícil analizar la realidad si los datos con que contamos no son fieles, si están distorsionados o no reflejan lo que pretenden medir. Se podría luego discutir si el índice es o no valido si existe un índice mejor. Pero es imposible cualquier análisis si esos datos no se brindan, si en función del “resguardo necesario” para una supuesta información irrefutable  la misma no existe.

Parece difícil llegar al camino de Pobreza Cero con más de 100000 despedidos (La Nación 8/03/16) y con una disminución notable del poder adquisitivo de los que menos tienen.

*Delegado sindical de Sadop