Nos ofrecen estar más comunicados, pero estamos más solos

Diego Menoyo
Nos ofrecen estar más comunicados, pero estamos más solos. Nos prometen más seguridad, pero nos hallamos más desamparados.
Emergencia económica en Río Ceballos 2

Hoy pasan situaciones que nos son difíciles de comprender.

I- Un conocido médico, Carlos Pecas Soriano, continúa en huelga de hambre en  la puerta del Apross, la obra social de los trabajadores del estado de la Provincia de Córdoba, porque la Obra Social se niega a reconocer parte de los gastos de una operación. El Apross realiza un descuento compulsivo, mayor que cualquier otra obra social: el 4,5% de todos los salarios provinciales, cuando las demás prestadoras están en el 3%.

II- La UTA Nacional desconoce la lucha de sus trabajadores de la ciudad de Córdoba. Así, cuando se había logrado un principio de acuerdo en el Ministerio de Trabajo, es la cúpula nacional del Sindicato, que además mantiene intervenido el gremio, quien se niega al acuerdo. El argumento que esgrimen es que supera lo pactado en la paritaria con Nación.  Un poderoso argumento, pero ahora invertido: si el Gobierno nacional le decían a los docentes que no podía haber paritaria Nacional y que debían ser Provinciales, ahora la paritaria provincial no puede superar la nacional.

III- La Cooperativa de Agua cobra una cuota extraordinaria, con el nombre de capitalización, porque la Municipalidad le niega la posibilidad de un aumento que dé cuenta del  incremento de gastos.  Bajo esta cuota extraordinaria, y una tarifa que se ha vuelto excesivamente cara, ronda la sospecha de una mala administración, de sueldos innecesarios, de gasto superfluos. Sobre la Gestión Municipal, que alentó la lista opositora en la Cooperativa, crece la sospecha de que una posible caída del contrato termine en la privatización del servicio de agua potable.

IV- El Vicegobernador, Martín Llaryora, desembarcó en Río Ceballos en el marco del Plan Vida Digna para la entrega de subsidio para mejora de viviendas, días antes de que comience en pleno la campaña electoral, en donde se adjudican a través de punteros políticos. Repartidos para que sea instrumentado por seguidores al Oficialismo Provincial y  seguidores al Gobierno Municipal, sin que medie ningún criterio de selección (salvo el de ser conocido de), que brinde  transparencia y que realmente caiga sobre las familias más necesitadas.

¿No es que la Obra Social es nuestro seguro médico, y debe garantizarnos prestaciones y no abandonarnos frente a la emergencia? ¿O acaso son sólo estamentos que lucran con la salud de pacientes cautivos, transformándose en instancias de recaudación?

¿No es que son las Organizaciones sindicales las instancias que se dan los Sectores Trabajadores para defender sus derechos y lograr condiciones dignas de trabajo? ¿O acaso son sólo categorías de burócratas, entronizados en el poder como instancia de negociación  y enriquecimiento individual?

¿No son las Cooperativas sociedades autónomas, de apoyo mutuo, donde sus integrantes buscan satisfacer una necesidad común? ¿O acaso son camuflajes de sociedades comerciales en manos de los directivos que la utilizan para fines propios?

¿No es el Estado, a través de sus instituciones, el garante del bienestar común y quien debe preservar que exista una equidad social? ¿O acaso es el botín de guerra  de una clase política que sólo le interesa mantenerse en el poder y no la gente a la que representa?

No quisiera que queden dudas:

Estoy a favor de las Obras Sociales de los trabajadores y desacuerdo con la opción tramposa de la medicina prepaga. Creo que es función del Estado garantizar Hospitales de excelencia, y no que debamos ir rogando por una cama en una clínica o sanatorio.

Estoy a favor de la Organización Sindical y del reclamo de los trabajadores y me opongo fervientemente a la precarización laboral y al arreglo individual del salario como instancia de negociación.

Estoy a favor de las Cooperativas de Servicio y las Mutuales de consumo y en contra de la privatización de los servicios esenciales (agua, electricidad, salud, educación, vivienda etc), como de la dependencia de la tarjeta de crédito para adquirir bienes de consumo.

Estoy a favor de un Estado que gestione, controle, supervise y ayude a quien más lo necesite, que realice obras y garantice servicios, y en contra de un estado privatizador, que se desvincule de su función, y que sólo administre. Me opongo a un Estado que utilice la beneficencia como política de estado, en vez de la defensa de derechos.

Aclarado esto, quisiera que nos preguntáramos qué nos fue pasando. Los seres humanos somos individuos sociales, crecemos en comunidad, nos educamos en comunidad. Alguien nos ha hecho creer que podemos desarrollarnos individualmente, que podemos no depender de nadie, que podemos ser tan inteligentes y astutos como para sobresalir y triunfar, pisoteando a los demás y olvidando valores y éticas.

No negaré razones: sin lugar a duda el paro de los chóferes de colectivos genera incomodidades, pérdida de tiempo y dinero, malestar y disconformidad. Pero tal vez haya otra parte involucrada en el conflicto que permanentemente queda oculta, que es quien tiene el poder de decisión, que es que quien administra los medios, que es quien maneja información.

La burocracia sindical -o “los gordos” como se los ha llamado últimamente-, con acuerdos que redundan más en negocios particulares que en el beneficio de los trabajadores; la comercialización de la salud, oculta en un tecnicismo innecesario, donde para todo se necesitan análisis, ecografías y radiografías;  la tarjetización en nuestras vidas, donde todo bien de intercambio pasa por un banco o una financiera; la venta de sistemas de seguridad, de barrios cerrados, nos transforman en dependientes de la inseguridad. El que nos grita cotidianamente que “Para ser feliz sólo importás vos”. “Los demás que revienten, que si quieren tener lo que yo tengo, que se esfuercen como yo me esfuerzo”, son la cara de una misma moneda, el carácter neoliberal que se le quiere imprimir a la globalización.

Hemos perdido la filantropía y, en el mejor de los casos, la disimulamos con un poco de caridad. No es fácil oponerse a una tendencia general que nos bombardea permanentemente, que nos incita a un mercantilismo innecesario, que nos transforma en sujetos de propaganda y consumo.

Siempre existe también la opción individual: la contracara del individualismo consumista, que se presenta como la posibilidad de la vida libre,  como una forma de rebelarse a la alienación y la homogeneidad de conceptos que brinda el sistema.

Pero prefiero la opción, quizás menos sencilla y quizás más trabajosa, de construir comunidad, de ir entrelazando hilos sociales, para forjar redes que nos protejan, que nos permitan crecer, que nos restauren la esperanza.