Un chelo en el lugar y en el momento equivocado

Raúl Concha Arevalo
Joshua Piantelli Pearce, o Josh como prefiere que le llamen, es un joven de 18 años de Río Ceballos con un gusto y un talento para la música en general, y para la música clásica en particular. Gusto y talento que ha heredado de una familia de músicos. Hijo de madre pianista, quien en su juventud se formó como directora de orquesta, y de padre baterista de carrera. Sin embargo, un 23 de febrero un hecho policial iba a poner en serio peligro su exitosa carrera musical.

Sus comienzos en la música

Siguiendo con una tradición familiar, Josh se inició en la música de muy joven. A los 6 años comenzó a tocar la batería. Luego, de más grande, comenzó a interesarse por instrumentos como la viola, el violín, el bajo eléctrico hasta que en el año 2015 se acercó definitivamente al chelo, instrumento que no abandonó hasta hoy. Su talento le ha granjeado múltiples reconocimiento en el mundo artístico y ha participado en diversas orquestas. En sus pocos años como chelista, apenas 3 años, ya participa en una orquesta de profesores y da clases a personas que se están iniciando en este instrumento.

En el 2014 se abre una nueva oportunidad en la carrera musical de Josh quien comienza integrar una de las tantas Orquestas del Bicentenario que se abrieron en todo el país durante el gobierno de Cristina Fernandez de Kirchner. Este programa, que actualmente está vigente, está dirigido a niños, niñas y jóvenes que asisten a escuelas ubicadas en zonas de vulnerabilidad social y, entre otras cosas, brinda instrumentos a jóvenes con el objeto de tender puentes hacia la reinserción de los jóvenes en la escuela, colaborar con la retención escolar, y estimular el contacto y el disfrute de la música. Lamentablemente, de las casi 190 orquestas que se abrieron a lo largo de todo el país durante el gobierno anterior, hoy la gran mayoría fueron cerradas debido al desfinanciamiento del programa que inició la gestión de Mauricio Macri en 2015.

El precio de amar la música

Para alguien como Josh, que se crió en una familia en donde nada sobra y donde cuesta mucho trabajo conseguir cada cosa, se hace muy difícil llevar adelante una carrera en la música clásica. Es más, a sus cortos 18 años, Josh se ve obligado a trabajar de lunes a lunes en una gomería que tiene junto con un amigo para poder ganarse la vida y conseguir los medios para poder continuar su exitosa carrera en el mundo de la música.

El día en que todo, casi cambia

El 23 de febrero de este  año un hecho imprevisto para él complicó seriamente su carrera como chelista. Luego de un ensayo, fue a la gomería donde trabaja y por seguridad dejó su chelo en la casa de su amigo que vive en la casa de al lado del local. Ese mismo día, y a través de una denuncia anónima, se libró un allanamiento en la casa del amigo de Josh en donde habían guardado el chelo. La única persona que estaba en ese momento en la casa era el amigo de Josh quien no opuso ninguna resistencia al allanamiento, a pesar de que no sabía las causas ni las razones del mismo. La policía se llevó todo lo que, a criterio suyo, podía ser robado. Y claro que a criterio de la policía un chelo no era un objeto que un empleado de una gomería podría tener de buena fe en su casa, por lo cual se lo llevaron junto con otros objetos personales del amigo de Josh. Al chelo lo tiraron en la caja de una camioneta de la policía y arriba de él tiraron el resto de las cosas sin el más mínimo cuidado con un objeto tan delicado y valioso como es ese instrumento.

Lamentablemente la historia no terminó ahí. Durante los tres días posteriores al allanamiento, Josh tuvo que sufrir la discriminación, el maltrato y el desprecio de la policía para recuperar su instrumento, a pesar de haber presentado la factura de compra correspondiente, fotos y testigos que confirmaban que el instrumento era de él y que lo había obtenido de buena fe.

Finalmente logró que le devolvieran su chelo. Sin embargo, al recibirlo se encontró con la desagradable sorpresa de que el instrumento estaba seriamente dañado. Los daños se cuentan de a montones: funda rota, arco del chelo roto, clavijas rotas, madera de la caja rota y cuerdas cortadas. Tantos son los daños que tenía el instrumento que es difícil imaginar que los mismos fueron provocados por descuido. “Pareciera que hubieran estado jugando con él”, dice con angustia Josh. Demás está decir que estos instrumentos son sumamente caros y que absorber los costos de la reparación fue casi imposible para él. Basta mencionar que sólo el encordado de un chelo ronda los $5000 pesos.

Nunca estuvo sólo

Y aunque esta situación significó un gran obstáculo para la carrera musical de Josh, gracias a la ayuda de muchas personas logró recuperar y reacondicionar el instrumento para poder seguir tocando. Su madrina musical, quien inició a Josh en el estudio del chelo y quien lo vio crecer musicalmente, fue fundamental para que Josh vuelva a tocar. Ella lo ayudó a reparar el instrumento y, para que Josh pueda seguir tocando, le regaló una cuerda, un puente de luthier y un arco nuevo para el chelo.

Del Derecho a los hechos

El derecho habilita la posibilidad de realizar una denuncia anónima, que luego deberá ser tomada por un fiscal, quien a su vez, recolectará las pruebas suficientes para pedir a un juez de control un allanamiento. Ese juez deberá ser quien lleve el control del expediente para verificar que se cumplan todas las garantías legales a la hora del allanamiento. Sin embargo, en los hechos, esto no siempre funciona así. Existen muchas denuncias de abusos por parte de la policía durante estos procedimientos, desde maltratos, robos, etc. Vale aclarar que en un allanamiento sólo se deben secuestrar los elementos probatorios de la causa que se está investigando y, como en el caso de Joshua, muchas veces se secuestran  elementos que nada tienen que ver con el objeto de investigación. Eso es un claro abuso. Pocas veces estos abusos son denunciados y casi nunca alguien se hace responsables por los daños generados en el momento de un allanamientos. Es más, como en el caso de Joshua, muchas veces la policía maltrata a quienes reclaman por los abusos recibidos hasta el punto de decirles “agradece que te devolvimos el chelo”.

Actualmente, Josh pudo volver a tocar con la ayuda de mucha gente. Sin embargo, el daño que le generó la policía fue muy grande y complicó su carrera. Seguramente este no sea el único caso en donde ocurren estos abusos, pero mucha gente no lo denuncia por miedo, por ignorancia o porque simplemente ha naturalizado la violencia institucional. Esperemos que, en este caso, el Estado sea capaz de dar respuestas por los daños que generaron a un joven trabajador y talentoso músico.

 

 

Joshua Piantelli Pearce
Joshua Piantelli Pearce
  • Joshua Piantelli Pearce
  • Detalle chelo roto
  • Detalle chelo roto
  • Detalle chelo roto
  • Detalle chelo roto
  • Detalle chelo roto