Unos resultados complejos

Eduardo González
Los resultados de las últimas elecciones dejan muchas puntas para seguir pensando. A diez días del contundente triunfo de Cambiemos, cabe preguntarse qué expresa este caudal de votos, sus implicancias y oposiciones posibles. Eduardo González, docente universitario, comparte con nosotros un análisis que cruza el mapa del resultado electoral, la historia de elecciones pasadas y los caminos que se abren de aquí en adelante.
Elecciones 2017

Debe reconocerse que Cambiemos ganó ampliamente las elecciones de medio término del 22 de octubre pasado. Ello se aprecia en varios distritos importantes como la CABA, Santa Fe, Córdoba y Mendoza donde ha obtenido victorias muy marcadas. Además, ha logrado pleno apoyo a sus propuestas de reforma de parte del gobierno del PJ de Tucumán y de UPC de Córdoba. Puesto en esos términos, Cambiemos habría ganado o habría impuesto su política en cinco importantísimos distritos. No fueron los únicos por cierto.

Una situación que se sale de este molde es el caso de la Provincia de Buenos Aires, donde cambiemos también ganó, pero por escaso margen. Además, su oponente es el Frente Ciudadano que llevaba de candidata a la ex Presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Con muy escasos recursos ha logrado resultados muy importantes. Se afirma allí un liderazgo alternativo al de Macri.

También hubo distritos donde ganó el kirchnerismo o un peronismo más o menos opositor. Dos casos notables en ese sentido fueron las provincias de San Luis y de La Pampa, donde candidatos peronistas claramente opositores revirtieron los resultados de las Paso y se impusieron el 22 de octubre.

La victoria de los bordes

Es natural que los gobiernos se impongan en las primeras elecciones de medio término. Gozan de un tiempo de encantamiento de los votantes. Así pasó con Alfonsín en los ochenta y con Menem en los noventa (éste lo logró en dos oportunidades). El caso de De la Rua fue diferente pues se encontró con una crisis interna primero y luego con una de las más grandes crisis financieras en la historia del país. Se preparó a hacer la plancha y tuvo que nadar en un mar embravecido. No supo hacerlo y cayó torpe e ignominiosamente.

Lo que resulta extraño es que en estas elecciones entre los opositores haya tomado cierto vuelo Cristina y sus aliados. La llamada “vía del medio” (Massa, Randazzo) han quedado muy castigados y sin espacio según reconoció el propio Massa. El caso de Schiaretti en Córdoba y el de Urtubey en Salta es igual pero aún peor. Esta derrota los lleva seguramente a otra en el 2019, pero prefieren seguir apoyando al gobierno.

De modo que se han fortalecido los extremos. Este es el escenario que elige el gobierno. Después de la victoria, el mismo ha apresurado la detención de De Vido (la independencia de los jueces no funciona en los hechos), la presión sobre Cristina y fundamentalmente ha anunciado una serie de reformas que van en línea con el pensamiento neoliberal al cual adhiere. Actúa como si su victoria fuera incontrastable, casi definitiva.

Por su lado, la actitud de la CGT es bastante complaciente con las reformas, tomando en cuenta que una de ellas, la reforma laboral, atenta contra los derechos consagrados de los trabajadores. Derechos consagrados precisamente por el peronismo, tradición e ideología que los sindicalistas dicen defender.

Es decir que el gobierno de Cambiemos acentúa su programa y el PJ conciliador lo licúa. Sólo un sector del peronismo y el kirchnerismo plantean una verdadera oposición. Desaparece el centro y se acentúa la grieta.

Volviendo a los resultados, no es extraño que gane el oficialismo. Lo extraño es que lo voten sectores de las clases populares que antaño eran bastiones del peronismo. Es extraño también que los derrotados del peronismo se sumen a los ganadores. Esto es lo que sucedió históricamente con el radicalismo yrigoyenista en tiempos de Alvear.

Al mismo tiempo, se consolida una tendencia del peronismo – kirchnerismo que hace exactamente lo contrario, que defiende las banderas históricas de la autonomía nacional y la justicia social y que le agrega una actualización en derechos humanos. Pareciera entonces que la Argentina se aproxima a nuevos y difíciles conflictos.

Un telón de fondo que cuesta entender

No creemos que existan victorias definitivas en un proceso tan contradictorio. Vamos entonces a realizar una lista (no completa) de factores que nos permitan aproximarnos a una interpretación de lo que estamos viviendo en el presente:

a) Vivimos en un mundo socialmente muy fragmentado y penetrado por la “revolución digital” en manos de las grandes corporaciones; en esa visión de mundo escasea el trabajo y sobra población; ello genera miedo y obediencia en los sectores más desfavorecidos.

b) En la Argentina se ha realizado una revolución tecnológica en la producción agraria, pero las tecnologías que se utilizan son expulsivas de mano de obra y todo el sistema productivo está en manos concentradas. Hay una clase media acomodada que actúa como defensora y difusora en toda la sociedad de ese sistema de privilegios;

c) El sistema mediático está también en manos concentradas y difunde día a día y por todos los canales un discurso cerrado individualista y demonizador, ya sea de Cristina o de cualquier proyecto emancipatorio.

d) El gobierno CEO de Macri goza de total apoyo de la justicia y de amplios medios económicos para aturdir y/o comprar voluntades. Además, como contracara, sus ejecutores no dudan en amenazar y golpear si les hace falta. Esta brutalidad vale también para los aliados circunstanciales.

e) Las corrientes nacionales populares no se recuperan plenamente de la derrota del 2015 y, por ahora, no han logrado llevar o instalar un mensaje que arrastre a las mayorías.

A futuro avizoramos una nueva crisis de la deuda externa y también la toma de conciencia de un sector de los votantes de Cambiemos que van a advertir, en una experiencia muy dolorosa, el precio de apoyar a los dueños del poder económico. Ello demandará una capacidad de reformularse de parte del peronismo kirchnerismo.

Cómo síntesis final, digamos que estamos ante una confrontación que se arrastra desde los tiempos de la independencia. Es mucho lo que debemos madurar los argentinos por estas horas.

 

Eduardo González. Docente universitario